La aviación argentina, una pesadilla para los británicos en la Guerra de Malvinas
Con recursos limitados y en inferioridad de condiciones impuso serios daños a los buques enemigos.
Una de las actuaciones más recordadas en la Guerra de Malvinas fue la de la aviación argentina, que en inferioridad de condiciones y con recursos limitados logró imponer serios daños a la flota británica, que está considerada como una de las más poderosas del mundo.
El 2 de abril de 1982 la Argentina ejecutó la Operación Rosario y desembarcó en las Islas Malvinas, logrando recuperar momentáneamente la soberanía del archipiélago de ultramar, también compuesto por la Isla Soledad y otros islotes de menor envergadura.
Este hecho, desató la reacción del Reino Unido de Gran Bretaña, que tres días más tarde dispuso una flota naval imponente y con gran tecnología rumbo a las Islas Malvinas para repeler el ataque argentino e intentar volver a controlar el archipiélago, que dicha nación había usurpado ilegítimamente en 1833.
Una vez que los buques británicos llegaron al archipiélago, comenzaron los combates en las Islas Georgias del Sur y el 1° de abril la batalla se centró sobre Puerto Argentino, el punto neurálgico de las Islas Malvinas donde estaba instalado el comando militar argentino que dirigía la operación bélica.
Los pilotos argentinos, reconocidos héroes de guerra
Con el objetivo de repeler el poderío de la flota británica, el mando mayor del Ejército Argentino dispuso una serie de ataques aéreos cuyos aviones despegaron de las bases santacruceñas de San Julián y Río Gallegos, junto con la aeronaval de Río Grande, en Tierra del Fuego.
Los pilotos argentinos, en su mayoría jóvenes con poca experiencia en combate real, realizaron incursiones a altísimas velocidades y a ras del mar para evitar los radares enemigos. El uso de los aviones A-4 Skyhawk, los Mirage III y los Super Étendard con misiles Exocet fueron clave para enfrentar a una de las fuerzas más poderosas del mundo, como lo era la británica.
Uno de los golpes más significativos fue el hundimiento del HMS Sheffield, un destructor británico alcanzado por un misil Exocet disparado desde un Super Étendard comandado por el héroe de guerra Augusto Bedacarratz.
Otra pérdida importante para los británicos fue la del destructor HMS Coventry (D118) cuando cuatro aviones A-4 Skyhawk del Grupo de 5 de Caza de la Fuerza Aérea Argentina atacaron la embarcación y lograron contactarla con tres bombas de 500 libras, que le provocaron serios daños y su posterior hundimiento.